jueves, 9 de marzo de 2017

Su tez y pelos son entre blancos y amonados; es tierna y joven, jovencísima.  Apenas la vi llamó mi atención;  después,  casi a diario la veo temprano en las mañanas, paseando y/o jugueteando con Carlos, quien la consiente y cuida. Sin razón alguna, y solo por la carga de cariño que despertó en mí, la he llamado La chanchi. Pero su nombre, que se lo puso Carlos, es Maluca. Un contrasentido, porque de verdad es una belleza!.

Solo hasta hoy me les acerqué, pudiendo admirar debidamente a la bella Maluca e intercambiar unas palabras con Carlos. Y claro, todo giró en torno a ella que fácilmente se desatendió de nosotros, alejándose un tanto y explorando el entorno con sus sentidos primarios.

Carlos que es un señor a lo sumo cuadragenario, humildísimo como los demás miembros de su familia y la barriada donde viven (norte allende a la playa en Tolú), en cada palabra refiriéndose a Maluca, desnuda su alma buena, poniendo de manifiesto su afecto y consideración para con Maluca, siempre aseada y presentable.

Resultó que Carlos, el padre afectivo de Maluca, es vecino del señor Urbano Vitola, el abuelo, padre de los clemones en la primera con calle 24, que conviven hermanados con laureles y palmeras reales.

Decía que Maluca es jovencísima y, su característica sonora no son precisamente las palabras sino un sonido gutural,  de un agudo femenino chirriante, que no por ello le resta tersura a Maluca. 

Me comenta Carlos, el padre no biológico de Maluca, que él en la escuela primaria pasó por los aulas y patio del José Yemail Tous, donde tuvo la especial oportunidad de ser alumno de la “seño” Cata; y complementa: “yo, profe, soy de la época de Ariel, el pasado alcalde, que hoy ya no conoce a ninguno, me refiero a los que como yo, hicimos parte esa gallada generacional. Y él lo fue.”  Al final de la improvisada conversación que se dio en sacrificio de un segmento del tiempo que dedicaba a caminar por la carrera primera, paralelo al rumoroso Mar del Caribe, me encarga que le lleve saludos de su parte a la seño Cata. Y así lo haré cuando ella retorne a casa después de su jornada de clases en la que hoy se llama Institución educativa técnica José Yemail Tous.

Así fue la despedida con Carlos, que hice extensible a Maluca a través de un cumplido amoroso que ella, olímpicamente ignoró, mientras osaba bulliciosa en la arena de la playa.


Ramiro del Cristo Medina Pérez


Santiago de Tolú, marzo 9 - 2017